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Carreteras

"Una vez desarrollados los carros, se hicieron necesarias las carreteras. Los vehículos no podían avanzar con rapidez en medio de las piedras y los matorrales, y si lo intentaban, no tardaban en romperse las ruedas. Esto significaba que era preciso construir por todas partes carreteras razonablemente anchas, rectas y lisas. Así lo entendió Roma.
 En los años posteriores a la humillación que le infligieron los galos, Roma perfeccionó la legión, una formación mucho más flexible que la falange. Esta última sólo podía luchar en orden cerrado, y cualquier irregularidad del terreno trastocaba ese orden. En cambio, la legión podía dispersarse por un terreno accidentado sin caer en el desorden, para concentrarse de nuevo cuando las condiciones lo permitían.
 En 312 a.C., Apio Claudio, un alto funcionario romano, inició la construcción de la Vía Appia, la mejor carretera que el mundo había visto. Unía Roma con Capua, una distancia de más de 210 km. Al principio estaba cubierta de grava, pero con el tiempo se pavimentó con bloques de piedra, y se extendió hasta el talón de la bota italiana.
 La carretera permitía el movimiento rápido de tropas, y confirió a Roma una enorme ventaja a la hora de aportar refuerzos o de atacar por sorpresa. A lo largo de los años, Roma construyó más de 80.000 km de carreteras a través de sus dominios. Algunas superaban los 9 m de anchura. Esto significaba que los ejércitos romanos podían acudir con rapidez de una frontera a otra, y que unas fuerzas relativamente poco numerosas bastaban para proteger los confines." (I. Asimov)