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Crimen y Castigo (1935)

"Lo fuerza la insistente Persuasión, irresistible hija del Error que actúa de consejero, y todos los remedios resultan inútiles. No queda entonces oculta la maldad, sino que se presenta ante los ojos con una luz de resplandor terrible. Lo mismo que acontece con un bronce de mala calidad, que se va ennegreciendo a fuerza del uso y los golpes, así le ocurre al hombre injusto al verse sometido a la justicia -porque es cual un niño que persigue a un pájaro que vuela- y echa sobre su pueblo insoportable oprobio. No escucha sus plegarias ninguno de los dioses, que la deidad castiga al hombre que frecuenta el crimen." (Esquilo)

"No hay prisión más terrible que la propia conciencia." (Crimen y Castigo)